miércoles, 25 de septiembre de 2013

¿POR QUÉ EXPLORAR EL ESPACIO? Carta traducida de la original de Ernst Stuhlinger

En 1970, una monja radicada en Zambia y llamada Hermana Mary Jucunda escribió 
al doctor Ernst Stuhlinger, entonces director asociado de ciencia en el Centro 
de Vuelos Espaciales Marshall de la NASA, en respuesta a sus investigaciones 
sobre una misión tripulada a Marte.  Concretamente, preguntó cómo podía sugerir 
que se gastasen miles de millones de dólares en un proyecto así en un tiempo en 
el que tantos niños morían de hambre en la Tierra.

Stuhlinger envió a la Hermana Jucunda la siguiente carta de explicación junto 
con una copia de Earthrise, la fotografía-icono de la Tierra tomada en 1968 por 
el astronauta William Anders desde la luna (también incluida en esta carta).  
Su estudiada respuesta fue más tarde publicada por la NASA bajo el título de 
"¿Por qué explorar el Espacio?"





Estimada Hermana Mary Jucunda,

Su carta ha sido una de tantas que me llegan cada día, pero me ha conmovido más 
profundamente que todas las demás porque viene de una mente inquieta y un 
corazón compasivo. Intentaré responder a su pregunta lo mejor que pueda.

Primero, sin embargo, me gustaría expresarle la gran admiración que siento por 
usted y por sus valientes hermanas, porque están ustedes dedicando sus vidas a 
la más noble causa del hombre: ayudar a sus semejantes necesitados.

Pregunta en su carta cómo puedo sugerir que se gasten miles de millones de 
dólares en un viaje a Marte, en un momento en el que muchos niños mueren de 
hambre en la Tierra.

Sé que no espera usted una respuesta como "¡Oh, no sabía que había niños 
muriéndose de hambre, pero desde ahora dejaremos de explorar el espacio hasta 
que la humanidad haya resuelto ese problema!" En realidad, sé de la existencia 
de niños hambrientos mucho antes de saber que un viaje al planeta Marte es 
técnicamente posible. Sin embargo, como muchos otros, creo que viajar a la 
Luna, y luego a Marte y otros planetas, es una aventura que debemos emprender 
ahora, e incluso creo que ese proyecto, a la larga, contribuirá más a la 
solución de esos graves problemas que tenemos aquí en la Tierra que muchos 
otros potenciales proyectos de ayuda que se están debatiendo y discutiendo año 
tras año, y que son tan lentos a la hora de proporcionar ayuda tangible.

Antes de intentar describir en más detalle cómo nuestro programa espacial 
contribuye a la solución de nuestros problemas en la Tierra, me gustaría 
relatarle brevemente una supuesta historia real. Hace 400 años, vivía un conde 
en una pequeña aldea de Alemania. Era uno de los condes benignos, y daba gran 
parte de sus ingresos a los pobres de su aldea. Eso era muy de agradecer porque 
la pobreza abundaba en los tiempos medievales y había epidemias de plaga que 
asolaban con frecuencia el campo. Un día, el conde conoció a un extraño hombre. 
Tenía una mesa de trabajo y un pequeño laboratorio en su casa, y trabajaba duro 
durante el día para poder permitirse algunas horas de trabajo en su laboratorio 
por las noches. Tenía lentes pequeñas hechas de trozos de vidrio; montaba las 
lentes en tubos y usaba esos aparatos para mirar objetos muy pequeños. El conde 
estaba particularmente fascinado por las minúsculas criaturas que podían 
observarse con grandes aumentos, y que nunca antes habían sido vistos. Invitó 
al hombre a mudar su laboratorio al castillo, a convertirse en un miembro de su 
casa y a dedicar desde entonces todo su tiempo al desarrollo y 
perfeccionamiento de sus aparatos ópticos como empleado especial del conde.

Los aldeanos, sin embargo, se enfadaron cuando se dieron cuenta de que el conde 
estaba desperdiciando su dinero en lo que ellos consideraban una payasada sin 
sentido. "¡Sufrimos por la plaga," decían, "mientras le paga a ese hombre por 
un hobby sin utilidad!" Pero el conde permaneció firme. "Os doy tanto como 
puedo," dijo, "pero también apoyaré a este hombre y a su trabajo, porque creo 
que un día algo útil saldrá de ello."

Realmente, salieron cosas muy útiles de ese trabajo, y también de trabajos 
similares hechos por otros en otros lugares: el microscopio. Es bien sabido que 
el microscopio ha contribuido más que cualquier otro invento al progreso de la 
medicina, y que la eliminación de la plaga y de muchas otras enfermedades 
contagiosas en todo el mundo es en buena parte el resultado de los estudios que 
el microscopio hizo posibles.

El conde, al reservar algo de su dinero para investigación y descubrimiento 
contribuyó mucho más al alivio del sufrimiento humano que lo que hubiera 
conseguido dando a su comunidad asolada por la plaga todo lo que pudiera 
ahorrar.

La situación que afrontamos hoy es similar en muchos aspectos. El Presidente de 
los Estados Unidos gasta unos 200.000 millones de dólares en su presupuesto 
anual. Ese dinero va a sanidad, educación, servicios sociales, renovación 
urbana, autopistas, transportes, ayuda al exterior, defensa, conservación, 
ciencia, agricultura y muchas instalaciones dentro y fuera del país. 
Aproximadamente el 1,6% de este presupuesto nacional se destina este año a la 
exploración espacial. El programa espacial incluye el Proyecto Apolo y muchos 
otros proyectos más pequeños en física espacial, astronomía espacial, biología 
espacial, proyectos planetarios, proyectos de recursos de la Tierra e 
ingeniería espacial. Para hacer posible este gasto en el programa espacial, el 
contribuyente norteamericano medio con ingresos de 10.000 dólares paga unos 30 
dólares de sus impuestos para el espacio. El resto de sus ingresos, 9.970 
dólares, queda para su subsistencia, recreo, ahorros, otros impuestos, y todos 
sus demás gastos.

Probablemente usted se preguntará: "¿por qué no coge 5, o 3, o 1 dólar de esos 
30 dólares para el espacio que el contribuyente norteamericano medio está 
pagando, y envía esos dólares a los niños hambrientos?" Para responder a esa 
cuestión, tengo que explicarle brevemente cómo funciona la economía de este 
país. La situación es muy similar en otros países. El gobierno consiste en un 
número de departamentos [ministerios] (Interior, Justicia, Sanidad, Educación y 
Servicios Sociales, Transporte, Defensa y otros), y las oficinas [bureaus] 
(Fundación Nacional para la Ciencia, Administración Nacional de Aeronáutica y 
del Espacio, y otras). Todos ellas preparan sus presupuestos anuales según sus 
misiones asignadas, y cada una de ellos defiende su presupuesto frente a una 
supervisión extremadamente severa por parte de las comisiones del Congreso, y 
frente a una fuerte presión de ahorro por parte de la Oficina Presupuestaria y 
del Presidente. Cuando los fondos son finalmente asignados por el Congreso, 
solamente pueden gastarse en las partidas presupuestarias especificadas y 
aprobadas en su presupuesto.

El presupuesto de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio, por 
supuesto, solamente puede contener partidas directamente relacionada a la 
aeronáutica y al espacio. Si ese presupuesto no fuese aprobado por el Congreso, 
los fondos propuestos no estarían disponibles para nadie más; sencillamente no 
serían gravados al contribuyente, a menos que alguno de los otros presupuesto 
hubiese obtenido la aprobación para un aumento específico, que entonces 
absorberían los fondos no gastados en el espacio. Se dará usted cuenta, a 
partir de este breve discurso, que el apoyo a los niños hambrientos, o más bien 
un apoyo adicional a lo que los Estados Unidos ya está contribuyendo para esa 
misma noble causa en la forma de ayuda al exterior, solamente puede obtenerse 
si el departamento apropiado solicita una asignación para este fin, y si esa 
asignación es aprobada por el Congreso.

Puede usted preguntarse si yo, personalmente, estaría a favor de una acción así 
por parte de nuestro gobierno. Mi respuesta es un rotundo sí. De hecho, no me 
importaría en absoluto si mis impuestos anuales fuesen aumentados un cierto 
número de dólares con el fin de alimentar niños hambrientos dondequiera que 
vivan.

Sé que todos mis amigos sienten lo mismo. No obstante, no podemos llevar a cabo 
un programa así simplemente desistiendo de nuestros planes de viajar a Marte. 
Al contrario, creo incluso que al trabajar para el programa espacial puedo 
hacer alguna contribución al alivio y eventual solución de problemas tan graves 
como la pobreza y el hambre en la Tierra. En el problema del hambre hay dos 
funciones básicas: la producción de comida y su distribución. La producción de 
alimentos por medio de agricultura, ganadería, pesca y otras operaciones a gran 
escala es eficiente en algunas partes del mundo, pero drásticamente deficiente 
en muchas otras partes. Por ejemplo, podrían utilizarse mucho mejor grandes 
extensiones de terreno si se aplicasen métodos eficientes de control de cuencas 
fluviales, uso de fertilizantes, pronósticos meteorológicos, evaluación de 
fertilidad, programación de plantaciones, selección de campo, hábitos de 
plantación, cadencia de cultivos, inspección de cosecha y planificación de 
recolecciones.

La mejor herramienta para mejorar todas esas funciones, sin duda, es el 
satélite artificial en órbita terrestre. Dando vueltas al mundo a gran altitud, 
puede explorar grandes zonas de terreno en poco tiempo; puede observar y medir 
una gran variedad de factores que indican el estado y las condición de 
cosechas, suelo, sequías, precipitaciones, nieve, etc, y puede enviar esta 
información por radio a las estaciones de tierra para su buen uso. Se ha 
estimado que incluso un sistema modesto de satélites terrestres equipados con 
sensores, trabajando en un programa de mejora agrícola a escala mundial, 
aumentaría el tamaño de las cosechas en el equivalente de muchos miles de 
millones de dólares.

La distribución de alimentos a los necesitados es un problema completamente 
diferente. La cuestión no es tanto de volumen de transporte como de cooperación 
internacional. El gobernante de un país pequeño puede sentirse incómodo ante la 
perspectiva de recibir grandes envíos de alimentos provenientes de un país 
grande, sencillamente porque tema que junto con los alimentos esté importando 
influencia y poder extranjeros. Me temo que un alivio eficiente del hambre no 
llegará a menos que las fronteras nacionales sean menos divisorias de lo que 
son hoy. No creo que el vuelo espacial consiga el milagro de la noche a la 
mañana. Sin embargo, el programa espacial se encuentra entre los agentes más 
poderosos y prometedores que trabajan en esa dirección.

Permítame tan sólo recordarle la reciente casi tragedia del Apolo 13. Cuando 
llegó el crucial momento de la reentrada de los astronautas, la Unión Soviética 
cortó todas las transmisiones rusas en las bandas de frecuencia usadas por el 
Proyecto Apolo para evitar cualquier interferencia, y los buques rusos se 
desplegaron en los Océanos Atlántico y Pacífico en caso de que se hiciese 
necesario un resca te de emergencia. Si la cápsula hubiera caído cerca de un 
buque ruso, los rusos sin duran habrían dedicado todos los esfuerzos necesarios 
para su rescate, como si fuesen cosmonautas rusos los que hubieran regresado 
del espacio. Si los viajeros rusos se encuentran alguna vez en una situación de 
emergencia similar, los norteamericanos harán lo mismo sin dudarlo.

Más alimentos gracias a estudios y valoraciones desde la órbita, y mejor 
distribución de alimentos gracias a la mejora en las relaciones 
internacionales, son tan sólo dos ejemplos de la profundidad con que el 
programa espacial hace mella en la vida sobre la Tierra. Me gustaría citar 
otros dos ejemplos: la estimulación del desarrollo tecnológico y la generación 
de conocimiento científico.

Los requisitos que deben imponerse a los componentes de una nave espacial que 
viaja a la Luna, en cuanto a alta precisión y fiabilidad extrema, no tienen 
precedentes en la historia de la ingeniería. El desarrollo de sistemas que 
cumplan esos severos requisitos nos ha proporcionado una oportunidad única para 
encontrar nuevos materiales y procesos, para inventar mejores sistemas 
técnicos, para procesos de fabricación, para alargar la vida de los 
instrumentos e incluso para descubrir nuevas leyes de la naturaleza.

Todo este conocimiento técnico recién adquirido también está disponible para su 
aplicación a tecnologías terrestres. Cada año, alrededor de mil innovaciones 
técnicas generadas en el programa espacial se abren camino a las tecnología 
terrestres, donde producen mejores electrodomésticos y equipos agrícolas, 
mejores máquinas de coser y radios, mejores barcos y aviones, mejores 
pronósticos del tiempo y avisos de tormentas, mejores comunicaciones, mejores 
instrumentos, mejores utensilios y herramientas para la vida diaria. 
Supuestamente, usted preguntará ahora por qué debemos desarrollar un sistema de 
soporte vital para nuestros viajeros lunares antes de que podamos construir un 
sistema sensor remoto para los pacientes del corazón. La respuesta es sencilla: 
los progresos significativos para la solución de los problemas técnicos se 
hacen con frecuencia no mediante una aproximación directa, sino estableciendo 
primero un objetivo desafiante que nos ofrece una fuerte motivación para el 
trabajo innovador, lo que dispara la imaginación y espolea a los hombres para 
que se esfuercen al máximo, y actúa como catalizador al inducir cadenas de 
otras reacciones.

El vuelo espacial cumple exactamente este papel. El viaje a Marte no será, 
ciertamente, una fuente directa de alimentos para los hambrientos. No obstante, 
conducirá a tantos nuevos procesos tecnológicos que los subproductos de este 
proyecto, por sí solos, valdrán muchas veces más que el coste de su 
implementación.

En adición a la necesidad de nuevos procesos tecnológicos, hay una necesidad 
creciente de conocimientos básicos de ciencias si queremos mejorar las 
condiciones de la vida humana sobre la Tierra. Necesitamos más conocimientos en 
física y química, en biología y fisiología, y muy particularmente en medicina 
para hacer frente a los problemas que amenazan la vida del hombre: hambre, 
enfermedades, contaminación de la comida y del agua, polución del medio 
ambiente.

Necesitamos que más jóvenes, hombres y mujeres, escojan ciencia como su 
profesión, y necesitamos más apoyo para esos científicos que tienen el talento 
y la determinación para enzarzarse en un trabajo científico fructífero. Deben 
tener a mano objetivos de investigación que supongan un desafío, y hay que 
proporcionarles suficiente apoyo para proyectos de investigación. De nuevo, el 
programa espacial, con sus maravillosas oportunidades para llevar a cabo 
estudios de investigación realmente magníficos en lunas y planetas, en física y 
astronomía, en biología y medicina, constituye un catalizador casi ideal que 
induce la reacción entre la motivación del trabajo científico, las 
oportunidades para observar fenómenos naturales excitantes y el apoyo material 
necesario para llevar a cabo el esfuerzo de investigación.

Entre todas las actividades dirigidas, controladas y financiadas por el 
gobierno norteamericano, el programa espacial es ciertamente la actividad más 
visible y probablemente la más debatida, aunque solamente consume el 1,6% del 
presupuesto, y es el 3 por mil (menos de un tercio de un uno por ciento) del 
producto interior bruto. No hay ninguna otra actividad equivalente en términos 
de estimulador y catalizador para el desarrollo de nuevas tecnologías e 
investigación en ciencias básicas. Podemos incluso decir al respecto que el 
programa espacial está asumiendo una función que, durante tres o cuatro mil 
años, ha sido la triste prerrogativa de la guerra.

¡Cuánto sufrimiento humano puede evitarse si las naciones, en lugar de competir 
con sus flotas de bombarderos y cohetes, compitiesen con sus naves espaciales 
para viajar a la Luna! Esta competición está llena de promesas de victorias 
brillantes, pero no deja espacio para la amargura de los vencidos que no 
conduce más que a la venganza y a nuevas guerras.

Aunque nuestro programa especial parece llevarnos lejos de la Tierra hacia la 
Luna, el Sol, los planetas y las estrellas, creo que ninguno de esos objetos 
celestes recibirá tanta atención y estudio por parte de los científicos 
espaciales como nuestra Tierra. Se convertirá en una Tierra mejor, no sólo por 
todo el nuevo conocimiento técnico y científico que usaremos para la mejora de 
la vida, sino también porque estamos desarrollando un aprecio más profundo 
hacia nuestra Tierra, hacia la vida y hacia el hombre.



La fotografía que le incluyo con esta carta muestra una vista de nuestra Tierra 
desde el Apolo 8 cuando estaba en órbita lunar en las navidades de 1968. De los 
muchos y maravillosos resultados del programa espacial hasta la fecha, esta 
imagen puede que sea la más importante. Abrió nuestros ojos al hecho de que 
nuestra Tierra es una hermosa y preciada isla en un vacío sin límites, y que no 
hay otro lugar en el que podemos vivir que la delgada capa superficial de 
nuestro planeta, bordeada por la desolada nada del espacio. Nunca antes 
reconoció tanta gente lo limitada que nuestra Tierra es en realidad, y lo 
peligroso que sería entrometerse en su balance ecológico. Desde que esta 
fotografía fue publicada, aumentan más y más las voces que avisan de los graves 
problemas con que se enfrente el hombre en nuestros tiempos: contaminación, 
hambre, pobreza, vida urbana, producción de alimentos, control de agua, 
superpoblación. No es casualidad que comencemos a ver la tremenda tarea que nos 
espera justo en el momento en que el joven programa espacial nos proporciona la 
primera buena mirada a nuestro propio planeta.

Por fortuna, la era espacial no sólo sujeta un espejo en el que podemos vernos 
a nosotros mismos, sino que también nos proporciona la tecnología, el desafío, 
la motivación e incluso el optimismo para atacar estas tareas con confianza. Lo 
que aprendemos en el programa espacial, creo, apoya del todo lo que Albert 
Schweitzer tenía en mente cuando dijo: "Miro al futuro no con preocupación sino 
con esperanza."

Mis mejores deseos estarán siempre con usted y con sus niños.

Muy sinceramente suyo,

Ernst Stuhlinger
6 de mayo de 1970

martes, 20 de noviembre de 2012


La revolución sexual que provocó el doctor Fleming

El éxito de la penicilina contra el avance letal de la sífilis causó la liberación sexual en la década de 1950, años antes de que llegara el ‘amor libre’

http://esmateria.com/?p=11130&preview=true


lunes, 11 de octubre de 2010

Redes. Nuestro lugar en el universo

Redes (03/01/10): Nuestro lugar en el universo

Redes se adentra en los misterios del universo. El astrofísico mexicano Luis Felipe Rodríguez, del Centro de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM, y Eduard Punset realizan un repaso de los grandes hitos de la astronomía y la cosmología, desde las primeras observaciones de Copérnico hasta las más modernas averiguaciones sobre la materia y la energía oscuras.
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El origen del universo según Blasa

Conversaciones científicas entre Blasa y Punset que analizan el origen del universo en tono de humor. Se recomienda ver después el video de redes

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domingo, 20 de diciembre de 2009

Factores de riesgo

Con esta calculadora, podrás calcular el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular a partir de los factores de riesgo.

Calculadora

lunes, 14 de diciembre de 2009

Un golpe a traición

Reportaje publicado en el diario EL PAÍS en el que se cuenta la historia de un joven periodista que ha sufrido un ICTUS cerebral. Se analizan las causas y las consecuencias de esta enfermedad.

Pincha en el enlace para leer la noticia y contesta las siguientes cuestiones:

Leer reportaje en ElPaís.com

Cuestiones
  1. ¿Qué es un ictus?
  2. ¿Qué le ocurrió a Llorenç desde un punto de vista médico?
  3. ¿Son todos los ictus iguales?
  4. ¿Cuáles son los principales factores de
  5. riesgo de los ACV?
  6. ¿Qué grupo de población es en el que
  7. tienen mayor incidencia los ictus?
  8. ¿Qué secuelas puede dejar un ictus?
  9. ¿Qué intervención recibió Llorenç?
  10. ¿Cómo afectó el ictus al entorno cercano de Llorenç?
  11. ¿Cómo afectó a su vida personal y laboral?
  12. ¿Existe algún tratamiento para el ictus?
  13. ¿Con qué síntomas se presenta un ictus cerebral?